Cuando la metralla política termina convirtiéndose en publicidad gratuita
Hay momentos en política en que los adversarios cometen un error elemental: confunden atacar con destruir.
Y peor todavía: disparan tanto contra un personaje que terminan colocándolo exactamente donde no querían verlo: en el centro del escenario.
Eso parece estar ocurriendo con Riult Rivera Gutiérrez.
Mientras el calendario avanza rumbo a 2027, el presidente municipal de Colima se ha convertido en uno de los personajes recurrentes de la conversación política estatal. Y no solamente porque él tenga aspiraciones o porque desde su entorno se construya un proyecto político, sino porque sus propios adversarios parecen empeñados en mantenerlo bajo los reflectores.
Un día es un señalamiento.
Al siguiente, una acusación.
Después, una columna.
Luego, otra polémica.
Y enseguida aparece un nuevo intento por responsabilizar políticamente al alcalde de prácticamente cualquier problema que ocurra en la capital.
Tanta pólvora comienza a levantar sospechas políticas.
Porque al árbol que nadie considera importante generalmente nadie le tira piedras.
Y los números disponibles ayudan a entender por qué Rivera recibe atención. MetaMetrics lo colocó en agosto con 44.2% entre los perfiles panistas evaluados para la candidatura a gobernador, frente a 17.3% de Julia Jiménez; Arias Consultores había registrado 50.9% para Rivera en julio. FactoMétrica también lo ubicó encabezando a los perfiles del PAN con 41.4%. Son encuestas distintas y ninguna garantiza candidatura ni triunfo electoral, pero coinciden en describir un posicionamiento interno considerable.
Entonces quizá convenga preguntar:
¿A quién quieren convencer de que Riult no importa, si parecen incapaces de dejar de hablar de él?
Ahí está la contradicción.
Si Rivera fuera políticamente irrelevante, bastaría dejarlo gobernar y esperar que sus propios errores hicieran el trabajo.
Pero cuando el golpeteo se vuelve cotidiano, el efecto puede ser exactamente el contrario.
Cada misil mediático lleva impreso su nombre.
Cada ataque reproduce su fotografía.
Cada señalamiento vuelve a colocarlo en la conversación.
Y cada intento por disminuirlo puede terminar proyectándolo.
Riult Rivera está recibiendo fuego como personaje del 2027 mucho antes de que oficialmente exista la batalla del 2027.
Y eso dice bastante sobre el lugar que ocupa actualmente en el tablero.
Quizá quienes pretenden frenarlo deberían preguntarse si su estrategia realmente está funcionando.
Porque después de tantos tiros, acusaciones, señalamientos y metralla mediática, Riult sigue ahí.
Con reflectores.
Con presencia.
Con números que lo mantienen relevante dentro de su partido.
Y con sus adversarios hablando de él.
Mucho.
Demasiado.
Al final, quizá el problema para quienes quieren descarrilar a Riult Rivera no sea que no sepan disparar.
El problema para ellos, es que, de tanto dispararle, pueden terminar señalándole a todo Colima exactamente dónde está.